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domingo, 1 de diciembre de 2013

NACER, DOMESTICARSE Y LIBERARSE Por Vanina Montes



Ningún pibe nace chorro, ninguna mujer nace puta, ni madre, ni luchadora.


Algunas de estas afirmaciones les resultaran familiares, muchas producirán conflictos internos, y seguramente dividirá a los y las lectoras en quienes estén de acuerdo con ellas y quienes no.


Pero a que se refieren realmente, que fibra tan íntima tocan como para dividirnos tan fervientemente en una u otra defensa.


Este trabajo intenta hacer un recorrido sobre la construcción social del ser humano, diferenciando entre naturaleza y cultura, y tratara de ver cuanto influyen ambas en la personalidad, haciendo un recorrido por mi propia historia, y la de mi comunidad. Visibilizando los organismos de control social y su función. Cuanto influye la naturaleza, la cultura y nuestro entorno para ser y pensar como lo hacemos. Desde donde miramos al “otro”.


Naturaleza y cultura



Nuestra vida transcurre en dos escenarios, el natural y el social. A través de acciones vamos moldeando nuestro propio lugar, tomamos, transformamos, y utilizamos elementos de la naturaleza a fin de satisfacer nuestras necesidades. Producimos creativamente, y a veces desbastadoramente. Allí encontramos la cultura, porque es esa parte del ambiente hecha por el ser humano.


Accedemos a ella por aprendizaje consiente o por un nivel diferente, por un proceso de acondicionamiento, técnicas de varios géneros, instituciones, sociales, creencias, y modos normalizados de conducta que circulan en la comunidad en la que vivimos.


El concepto de cultura puede ser explicado como la acción formalizada de la humanidad sobre la naturaleza y de esta sobre la humanidad, generando un sistema de significaciones que los miembros de un grupo conocen y utilizan en sus interacciones. De modo que no hay humanidad sin cultura, ni cultura sin humanidad.


La naturaleza es lo dado y la cultura lo adquirido. Diferenciar la naturaleza de la cultura en el ambiente, es muy fácil, pero cuando se trata de hacerlo sobre nosotras/os es mucho mas difícil.


Según Cassiner [1] Estamos tan culturalizados que distorsionamos las necesidades básicas de supervivencia. La razón del hombre para este autor es muy poco abarcativa, ya que entre el estimulo y la respuesta el hombre interpone un complejo sistema de símbolos.


Para entender un poco mas este concepto deberíamos pensar, por ejemplo, en el accidente aéreo de los Andes, en el que los sobreviviente decidieron comer carne humana, y fueron muy juzgados por todo el mundo. Pero pensemos, que pasaría si ese accidente hubiera sido protagonizado por hindúes que viajaban con vacas (sagradas para su cultura).


Todo poder se legitima mediante la naturalización, que es la capacidad de convencer que dicho poder se pierde en la memoria de los tiempos. La inmortalidad del origen del poder es una pieza clave de su proyecto legitimador. Por esto el dominio del tiempo como estrategia del poder implica la confección de una historia oficial, de una mitología del poder que remonta su genealogía a un lejano pasado, que solo sus ideólogos conocen.


Así fue que creí que era natural pensar que la felicidad estaba en conseguir marido y ser mamá para completarme como mujer. Que los hombres no lloran. Que la mujer es la responsable de la crianza de sus hijos. Que las mujeres que salen con muchos hombres son putas y no honradas. Que a mi me gustara el rosa, también lo creí natural, porque era nena, y que mis amigos eligieran el azul, porque eran varones.


Ciencia



La criminología nació de la mano de Lombroso, que impulso el desplazamiento del énfasis del delito hacia la persona del “delincuente”. Este calificativo nace de la concepción Lombrosiana. Elaboro una clasificación de los delincuentes, comenzando por el llamado delincuente nato, impulsado por su propia naturaleza a delinquir. A las características del delincuente nato las agrupo en cuatro categorías: anatómicas, (asimetría craneal, frente huidiza, nariz torcida, etc.) fisiológicas, (arrugas desde temprana edad, agilidad física, etc.) psicológicas (alcoholismo, ideas supersticiosas, baja capacidad intelectual, etc.) y sociales (dificultad para adaptarse al medio social)[2]. Claramente no convenía a comienzos del siglo XX haber nacido con la nariz un tanto torcida, o habérsela quebrado jugando, ni ser orejuda, ni ágil, mucho menos no adaptarse al modelo social.


Estas características, esta mirada hoy nos parece ridícula, como se puede caracterizar a través de estos conceptos tan burdos como la forma de su cráneo, o su nariz o sus orejas, a quienes serian delincuentes natos.


Pero estamos tan lejos de estos conceptos, de esta manera de ver la realidad. Si todavía hoy nos da más confianza un joven de saco y corbata que uno de ropa deportiva y gorrita. Si cuando vemos a una mujer que habla con muchos chicos la tildamos de puta, o de machona. Cuan lejos de esos conceptos estamos si un empleador, entre un pibe que vive en “la villa” de Fiorito y otro que vive en Avellaneda centro, sin duda va a contratar al segundo. Entre una mujer gorda y una flaca también se contratara a la segunda. Así vemos a los demás, y a veces parecemos olvidar que en algún momento los “demás” somos nosotros. ¿Que nos hace lo que somos?



Proceso de sociabilización como control social.



El ser humano es un ser social, producto de un largo proceso en la vida de cada persona. La sociabilización tiene como resultado la incorporación de normas, costumbres, creencias y valores, que nos permiten incorporarnos al mundo social, aprendiendo prácticas sociales y culturales del grupo al cual pertenece. Y dependiendo del tiempo y el espacio histórico en que nos toque transitar esta vida, tendremos culturas diferentes, aun estando en el mismo país, y hasta en el mismo barrio, encontraremos subculturas a las que debemos adaptarnos.


En este proceso no solo se pueden advertir cambios, si no también la permeancia de rasgos que van conformando nuestro modo de ser y actuar. Estos rasgos son los que configuran nuestra identidad personal y social. A partir del desempeño de roles, (hija, hermana, novia, mama) los integrantes de la sociedad reconocen en nosotros un status que nos posibilita el beneficio de ciertos derechos. Y el cumplimiento de deberes y derechos son los que nos moldean el comportamiento a lo largo del proceso de sociabilización.


Cuando somos niños internalizamos el mundo de los otros no como uno de los tantos posibles, si no como el único que existe y que se puede concebir. No solo descubrimos el mundo, si no la manera de mirarlo.


De este proceso no solo participa el grupo de crianza y los pares (socialización primaria) se suman otros grupos sociales como la escuela, las iglesias, los medios de comunicación, el trabajo, (sociabilización secundaria).


En casa nos preparan para la escuela, y en la escuela para el trabajo. Y eso es todo.


Cuando un niño, una niña, un adolecente o una mujer no se adapta a las normas y los valores de su sociedad, se lo aparta, se lo encierra. Hay instituciones especiales para eso, nosocomios, prisiones, etc.

Mi Realidad Social



La realidad social la construimos entre todos y todas y se desarrolla en el entrecruzamiento del tiempo histórico y el espacio geográfico, es imposible fragmentar a los individuos de las estructuras, a la sociedad de la naturaleza, a la tecnología de las creaciones artísticas e intelectuales.


Mi barrio es desde que naci Piñeiro, en Avellaneda mis abuelos habían llegado en el año 1928 del pueblito de Tribas, en Monforte de Lemos, provincia de Lugo, España. Se establecieron en el barrio, tuvieron 3 hijas en argentina, además de los dos hijos que habían dejado allá y que pudieron venir en 1941 huyendo de la guerra civil española que fue un conflicto social, político y militar, que más tarde repercutiría también en un conflicto económico, termino el 1 de abril de 1939 con el último parte de guerra firmado por Francisco Franco, declarando su victoria y estableciéndose una dictadura que duraría hasta su muerte en 1975, el mismo año que naci yo. En argentina mi abuelo fue botellero y mi mama y mis tías trabajaron desde los 15 años en las fábricas del barrio. Piñeiro es uno de los primeros barrios de Avellaneda, creció gracias a la llegada de las industrias, que encontraron en el Riachuelo agua para sus piletas y cloacas para sus desperdicios. Con un conglomerado de inmigrantes extranjeros y argentinos, se fue formando el poblado, con ideologías mezcladas que iban desde los católicos hasta los anarquistas pasando por los socialistas, desde los argentinos, italianos, españoles, holandeses y franceses hasta los polacos; más tarde los alemanes, lituanos y caboverdianos. La gama de variedades era inmensa; sólo una cosa tenía en común. Eran todos obreros.


La prioridad era el trabajo, construir la casa, conseguir marido para irte de casa, y dejar de pasarle tu sueldo a tu mamá. Mi abuela recaudaba todos los sueldos. En ese entonces la casa era de madera al fondo, había lugar para el carro y los caballos, mi abuelo recolectaba, mi tía cuenta como se escondían en el carro porque les daba vergüenza que la vieran, e inmediatamente después te dice que ahora no le da vergüenza contar que iban con el carro a buscar la verdura que tiraban en el mercado de abasto, y que de ahí comía toda su familia. Una misma acción que le daba vergüenza en su época, en su presente, hoy la enorgullece. Simplemente porque la ve desde otra perspectiva, pasaron los años y construyo otra mirada de un mismo hecho. Lo que podría darnos a entender que no es la acción en si misma la que nos avergüenza, si no la mira de los otros. Y esa mirada va a depender del tiempo, el espacio y la cultura en que nos toque vivir.


Así se construyo mi casa en base a trabajo y sacrificio. Nada de educación, ni de política, ni diversión, y mucho menos amor, solo trabajo, y mas trabajo, y cuanto mas sacrificado mejor. Por eso mi tía esta orgullosa de haberse jubilado en la Ferum, (Fabrica de loza) después de 43 años de trabajo aunque tenga bloqueados los pulmones por trabajar en una cabina cuadrada, que solo tenía un extractor, pero no le daban barbijo ni leche.


Tal vez por esto yo abandone el secundario a los 15 años porque quería y prefería trabajar… ¿Quería trabajar?


Hoy se que no es lo que quería, es lo que debía, es a lo que mi contexto me llevo, es lo que tome como natural, pero también ahora se que podía haberme revelado, de haber tenido otra educación. Una educación que me mostrara otras formas de ver el mundo, una educación que en vez de empeñarse en que repita conceptos erróneos de colonizadores necesarios y heroicos, se hubiera esmerado en mostrarme la lucha y la resistencia de los nativos por defender su cultura, mi cultura. Se dedicaron a destruir mi temperamento y convertirme en una más de fila. En ves de ayudarme a construir mi vocación.

Darse cuenta

Nunca encaje demasiado con mi entorno, con mi sociedad, y estaba empezando a preocuparme, hasta que entendí que no tenia nada de malo. Hay una frase que dice que “No es sano estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”[3]


Mi mamá me sentenciaba de adolecente con ese carácter nunca vas a conseguir a nadie (hablaba de un marido), “no podes decir lo que pansas, así no te va a querer nadie, tenes que ser mas falsa” y a mi no me importaba, no estaba dispuesta a ser falsa y sumisa para conseguir un marido. Cuando me separe de mi primer marido me decía “pero es bueno, te ayuda con los chicos, le cambia los pañales, a veces cocina” y yo no entendía , pensaba pero a caso no es su hijo también, no es su obligación hacer esas cosas, o hay que hacerle un monumento. Si yo lo hago y nadie me considera buena por eso, pero si me colgarían en la plaza si lo descuidara.


A los 35 años le puse nombre a mi rebeldía encontrando en el feminismo mis ideologías, y encontrando a muchas mujeres más que pensaban y sentían como yo, me sentí reconfortada porque mi crisis de adaptación a la sociedad era justificada y compartida.


Durante muchos años viví para trabajar, de lo que sea, ayudante de cocina, promotora, volantera, vendedora, supervisora en un call, gerente, y ahí , cuando llegue a lo mas alto de mi pequeño mundo del call center, cuando mis superiores me pedían que eche gente sin motivo, cuando me menospreciaban por no querer hacerlo, y me reprochaban ser una piba de barrio, que no marcaba mi autoridad, ahí me di cuenta que esa, la del traje sastre, que se levantaba a las 5 de la mañana hacia 5 años para ir a trabajar llueva o truene , con fiebre o anginas, que dejaba a sus hijos 10 horas diarias para poder “vivir bien“ esa, no era yo. Era lo que habían hecho de mí, era un robot más de esta sociedad capitalista.


Mi viejo fue una persona muy influyente para mi lo perdí a los 25 años y hay algo que siempre me decía y me quedo muy marcado “no le hagas al otro, lo que no te gusta que te hagan a vos” parece una frase hecha, y muy simple, pero fue en mi construcción mucho mas que eso, porque me genero una mirada hacia al “otro” que lo desintegra en cuanto a su significado, no hay otro, el otro soy yo.


Conclusiones  



Es cierto que tanto el grupo de crianza, la escuela, el trabajo, el contexto histórico, temporal y geográfico forja nuestra personalidad, nos dan unas miradas y nos niegan muchas más. Pero también es cierto que podemos despertar, desaprender y volver a construirnos, tomar las riendas de nuestras vidas. Construir una mirada menos miedosa y prejuiciosa hacia lo que no conocemos. Hacia otras culturas.


Y mas aun cambiar la mirada hacia esa gente de nuestra propia cultura y sociedad que no se adapta a lo que para nosotras/os debería, porque si hay otro actuando de cierta manera hay una sociedad que ayuda y aporta para que así suceda, y si veo al pibe que roba como un “otro” muy alejado de mi, entonces debo hacerme cargo de la parte que me toca, en ese caso, soy yo parte de la sociedad que no le ha sabido dar el contexto para que esa vida tome otro rumbo. Somos parte del otro. Somos el otro.


Ravachol era un anarquista que había cometido varios delitos en 1892 en su declaración durante su proceso dijo realidades importantes que como mínimo nos invitan a reflexionar me gustaría rescatar partes de esta sus palabras para cerrar este trabajo.


“Si tomo la palabra no es para defenderme de los actos de que se me acusa, pues sólo la sociedad, que por su organización pone a los hombres en lucha continua los unos contra los otros, es de ellos responsable. ¿No vemos hoy, en efecto, en todas las clases y en todas las funciones a personas que desean, no diré la muerte, pues esto daña a los oídos, pero sí la desgracia de sus semejantes si ello puede procurarles ventajas? Ejemplo: ¿no hace votos un patrón para ver desaparecer a un competidor? (…) ¿No desea el obrero sin empleo, para obtener trabajo, que por un motivo cualquiera aquel que está ocupado sea expulsado del taller? Pues bien, en una sociedad en la que hechos semejantes se producen, no debería uno sorprenderse de los actos del género de los que se me reprochan, que no son más que la consecuencia lógica de la lucha por la existencia a la que se ven empujados los hombres que, para sobrevivir, son obligados a emplear medios de cualquier especie.(…) “¡Pues bien, ya que es así, no debo dudar, cuando tengo hambre, en emplear les medios que están a mi disposición, aun a riesgo de provocar víctimas! Cuando los patrones echan a los obreros, ¿se inquietan porque vayan a morir de hambre? ¿Se preocupan todos esos que tienen lo superfluo de si hay gentes a las que faltan las cosas necesarias?”


Los hay, desde luego, que procuran socorro, pero son impotentes para aliviar a todos aquellos que se encuentran necesitados y que mueren prematuramente como consecuencia de toda suerte de privaciones (…) Se comprenderá que algo así tenga lugar en un país en el que los productos son escasos, en el que hay hambruna. ¡Pero en Francia, donde reina la abundancia, donde las carnicerías están abarrotadas de carne, las panaderías de pan, donde los vestidos, el calzado, se encuentran amontonados en las tiendas, donde hay alojamientos desocupados! (…)


Se acabará sin duda más rápido por comprender que los anarquistas tienen razón cuando dicen que para tener tranquilidad moral y física es preciso destruir las causas que engendran los crímenes y a los criminales: no suprimiendo a aquel que, antes que morir de una muerte lenta como resultado de las privaciones que ha soportado y tendrá que soportar, sin esperanzas de verlas concluir, prefiere, si tiene un poco de energía, tomar violentamente lo que puede asegurarle el bienestar (…) He aquí porque he cometido los actos que se me reprochan y que no son más que la consecuencia del estado bárbaro de una sociedad que no hace más que aumentar el número de sus víctimas por el rigor de unas leyes que persiguen los efectos sin jamás tocar las causas (…) Asimismo, vosotros, señores del jurado, que, sin duda, vais a condenarme a la pena de muerte porque creeréis que es una necesidad y que mi desaparición será una satisfacción para vosotros, que tenéis horror de ver brotar la sangre humana, pero que, cuando creyeseis que sería útil verterla para asegurar la seguridad de vuestra propia existencia, no dudaríais más que yo en hacerlo, con la diferencia de que vosotros lo haréis sin correr ningún peligro, en tanto que yo, al contrario, obraba con riesgo y peligro para mi libertad y mi vida. ¡Pues bien, señores! ya no hay criminales que juzgar, sino las causas del crimen por destruir. Al crear los artículos del Código, los legisladores han olvidado que no atacaban las causas, sino simplemente los efectos, y que, en consecuencia, no destruían en modo alguno el crimen; en verdad.


¿Qué hay que hacer, entonces? ¡Destruir la miseria, ese germen del crimen, asegurando a cada uno la satisfacción de todas sus necesidades! ¡Y cuán difícil es de realizar esto! Bastaría con establecer la sociedad sobre nuevas bases, una sociedad en la que todo sería en común, y en la que cada uno, produciendo según sus aptitudes y sus fuerzas, podría consumir según sus necesidades.


¡No se vería entonces a gentes mendigar un metal del que se convierten en esclavos y víctimas! No se vería ya a las mujeres ceder sus encantos como una vulgar mercancía a cambio de ese mismo metal que nos impide tan a menudo reconocer si el afecto es verdaderamente sincero. ¡No se vería ya a hombres como que por tener de ese mismo metal, llegan a dar muerte! Esto demuestra que la causa de los crímenes es siempre la misma y que hay que ser verdaderamente un insensato para no verlo.


Sí, lo repito: es la sociedad la que hace a los criminales, y, vosotros, jurados, en lugar de golpearlos, deberíais emplear vuestra inteligencia y vuestras fuerzas en transformar la sociedad. Suprimiríais de golpe todos los crímenes; y vuestra obra, dirigiéndose a las causas, sería más grande y fecunda de lo que lo es vuestra justicia que se rebaja a perseguir los efectos. (…) Juzgadme, señores del jurado, pero si me habéis comprendido, al juzgarme juzgáis a todos los desgraciados de los que la miseria, aliada con el natural orgullo, ha hecho criminales, y de los que la riqueza, o incluso el desahogo, habría hecho gentes honestas!


¡Una sociedad inteligente habría hecho de ellos gentes como es debido!”[4]


En nuestra construcción influye todo lo que nos rodea, es cierto, pero también nosotros formamos parte de esa sociedad que oprime a otros. Liberarnos depende solo de nosotros. Repensarnos, reconstruirnos, vernos de otra manera, buscar otras opciones cuando algo no termina de cerrarnos.


La sociedad capitalista y de consumo en la que vivimos puede llevarnos a sacar lo peor de nosotros para sobrevivir, para destacarnos, para acumular. Y nos es muy fácil olvidarnos de lo verdaderamente importante nosotros y los otros, nuestra gente, nuestro barrio, nuestra cuidad, en definitiva, la humanidad.


No cuesta nada si te despojas de todos tus prejuicios, encontrarte en el otro, por más diferencias culturales que existan. Y empoderarse de nuestra vida.











Bibliografía:


Ernst Cassirer, Antropología Filosófica, Introducción a una filosofía de la cultura, Fondo de Cultura Económica México


López Vergara, Jorge: criminología. Introducción al estudio de la conducta antisocial, México, Iteso, p 43-49


Maitron, jean: Ravachol y los anarquistas, España, Huerga y Fierro Editoriales, 2003


Domínguez Lostaló, Juan Carlos (Dir.): Proyecto de Investigación “Desarrollo humano y comunidades vulnerables” La Plata, Universidad Nacional de la Plata, 1998-2011.


Domínguez Lostaló, Juan Carlos: Grupo de crianza, familia y medios de comunicación masiva, Clase 2 del curso Alternativas del Control Social punitivo-institucionalizado, La Plata, 1995-1996.


Domínguez Lostaló, Juan Carlos: Por el derecho de ser joven. Los pibes marginados, La Plata, cuadernos del Caleuche, 1999, p.36-37


Hamra Diana: “Cultura, memoria de las sociedades” en Dujovney, Silvia Hamra, Diana: hacia una mejor educación rural. Ciencias Sociales. Buenos Aires: Dirección General de Cultura y Educación, 2002.





[1] Ernst Cassirer, Antropología Filosófica.


[2] López Vergara, Jorge: criminología. Introducción al estudio de la conducta antisocial, México, Iteso, p 43-49





[3] Jiddu Krishnamurti escritor y orador en materia filosófica y espiritual.


[4] Fuente: Maitron, jean: Ravachol y los anarquistas, España, Huerga y Fierro Editoriales, 2003.

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