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sábado, 6 de agosto de 2011

Cuerpos reveladores LAS 12

El brutal asesinato de dos turistas francesas en Salta sumó dos muertes más al número de asesinatos de mujeres que en la primera mitad de este año aumentaron considerablemente –de 126 en 2010 a 151 en 2011– en el mismo período. Pero además, la saña con que se las eliminó y la violación de una de ellas permiten calificar este hecho como femicidio: un término político que devela cómo determinadas violencias pretenden no sólo hacer un daño puntual, sino disciplinar a todo el género femenino.

EL LUGAR DONDE SE HALLARON LOS CUERPOS EN LA QUEBRADA DE SAN LORENZO.

Por Roxana Sandá
Los cuerpos de las turistas francesas asesinadas en un paraje de Salta presentaban escoriaciones múltiples y prendas desgarradas. Apenas distanciados tres metros sobre un terreno que hizo las veces de plataforma de fusilamiento, porque a una de ellas la ejecutaron de un balazo en la nuca y la otra recibió el disparo calibre 22 con el arma apoyada en la espalda. La más joven, Cassandre Bouvier, de 23 años, fue violada por el o los atacantes; la mayor, Houria Moumni, de 29, intentó una huida infructuosa hacia la senda peatonal. Eran dos estudiantes de sociología de La Sorbona reducidas a cuerpos vulnerables, prescindibles, desechables. Y la misoginia escalando un nivel de crueldad aterrador les apuntó otros dos femicidios a las estadísticas de julio.
Durante el primer semestre de este año se cometieron 151 asesinatos de mujeres y niñas y sólo en enero se registraron 32 casos, según el último informe de investigación elaborado por el Observatorio de Femicidios en Argentina, según señala Adriana Marisel Zambrano, que coordina la asociación civil La Casa del Encuentro.
Basado en los artículos de las principales agencias de noticias y 120 diarios de distribución nacional y/o provincial, el trabajo registra que entre el 1o de enero y el 30 de junio últimos ocurrieron más asesinatos de mujeres que en el mismo período de 2009, con 90 femicidios, y de 2010, cuando se relevaron 126. La mayoría de los hechos se concretaron a manos de varones con un elevado umbral de saña hacia sus víctimas, y casi todos los imputados eran esposos, parejas o novios que perpetraron los ataques en las viviendas de esas mujeres.
Durante toda esta semana, funcionarios públicos salteños y medios de comunicación variopintos hablaron sin ningún sentido del riesgo de “otros dos crímenes con móvil sexual”, reduciendo el fenómeno a mero título de página policial, cuando en verdad lo que debería estar mojándoles las orejas es el hecho de albergar individuos capaces de abusar del cuerpo de las mujeres hasta su aniquilamiento. “No olvidemos que el término femicidio es político, es la denuncia a la naturalización de la sociedad hacia la violencia sexista”, remarca Fabiana Túñez, de la Casa del Encuentro.
“Es evidente que la chica violada fue ejecutada de rodillas, porque tenía escoriaciones en esa parte de las piernas”, reveló una fuente policial a cargo de la investigación. “El tiro lo recibió en la frente, de arriba hacia abajo y a quemarropa, con el caño del arma muy cerca: ella vio el rostro de su asesino. La otra víctima, al ver cómo mataban a su amiga, intentó huir trepando hacia el sendero, pero recibió sobre la espalda el tiro que la mató.”
“Son cuerpos reveladores”, difundió el juez de la causa, Martín Pérez. “Nosotros no estamos acostumbrados a esto”, replicó el gobernador Juan Manuel Urtubey. Para el comisario Simón Pistán, “lo más fuerte del caso fue el robo despiadado” de dos celulares y acaso algo de dinero. Las opiniones de estos tres son elocuentes por lo mismo que sostiene la socióloga guatemalteca Ana Leticia Aguilar cuando argumenta que el femicidio tiene “la función final de controlar, disciplinar y castigar desde el momento en que ocurre la ejecución de una mujer hasta el tratamiento posterior por los medios de comunicación y los organismos encargados de impartir justicia”.
Habrá que ver qué replanteos le hará el gobernador salteño a su conmoción personal pasados los primeros cimbronazos del doble crimen, porque si bien “estas cosas no pasan habitualmente en la provincia”, como advierte, es probable que por estos días golpee las puertas de su memoria el asesinato sin esclarecer de la estudiante Cinthia Fernández, apenas dos meses atrás, en un departamento de Parque La Vega.
La joven, de 26 años, fue hallada por su madre el 4 de mayo, tirada sobre la cama. La asesinaron cinco días antes. Estaba semidesnuda, presentaba golpes en diferentes partes del cuerpo, hematomas de “agarre” por la fuerza y una bolsa sujetada al cuello con cinta de embalaje. Había sangre en el suelo, el colchón, las sábanas, las almohadas y en sus prendas. Al principio de la investigación la policía intentó destratar el caso con la hipótesis del suicidio. Tuvo que intervenir una médica forense para ratificar que se trataba de muerte por asfixia por sofocación. Hasta hoy no se halló al o los culpables del asesinato, aunque las sospechas siempre recayeron sobre dos conocidos de Cinthia: un ingeniero electrónico de 41 años, y un policía de 31 años que desde hace seis se desempeña en la División Trata de Personas de la provincia.
La antropóloga argentina Rita Laura Segato habla de la violación como un acto de canibalismo del otro. “¿Por qué la violación obtiene ese significado?”, se pregunta Segato en su estudio La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. “Porque debido a la función de la sexualidad en el mundo que conocemos, ella conjuga en un acto único la dominación física y moral del otro. (...) Sin la subordinación psicológica y moral del otro, lo único que existe es poder de muerte, y el poder de muerte, por sí solo, no es soberanía. La soberanía completa es, en su fase más extrema, la de hacer vivir o dejar morir.”
En diciembre de 2002, la turista alemana Nikola Henkler, de 28 años, desapareció en la ciudad de San Carlos de Bariloche. Su hermano llegó al país con ofrecimiento de recompensa de por medio para quien aportara datos, pero nunca logró avanzar en la búsqueda.
A la bióloga suiza Annagreth Würgle, también de 28 años, la vieron por última vez el 29 de agosto de 2004 en Pagancillo, La Rioja. En 2007, Alcides Cuevas, un empresario hotelero de Chilecito, fue condenado a 18 años de prisión como autor material del crimen. En septiembre de 2008, la Justicia reactivó la causa y ordenó realizar excavaciones en búsqueda de un cuerpo en la casa del ex juez Walter Moreno, que tuvo a cargo la instrucción de la causa por la desaparición de la turista y que en la actualidad está preso e imputado por el homicidio de un comerciante.
Como una espiral, los casos se replican en forma sistemática por muerte o violación. El 8 de enero de 2009, una joven belga de 23 años que vivía en el barrio porteño de Palermo fue violada por un hombre que había escalado hasta su ventana. El 16 de septiembre de 2008, una turista inglesa subió a un taxi a la salida de un boliche. El chofer la amenazó con un arma, la encapuchó y la violó. El 24 de noviembre del mismo año, dos hombres capturaron a una joven alemana a la salida de un cajero automático de Mendoza para violarla y robarle el dinero. En algunos de estos casos los imputados adujeron que ellas “los provocaron”.
Ana Leticia Aguilar asegura que el femicidio juega un papel resignificante de las relaciones de subordinación de las mujeres. De manera especial, por la vía de la culpabilización ante la infracción de la norma, solidifica el miedo y reactiva los dispositivos que en los imaginarios sociales están plagados de una mitología que las asedia. “El mensaje del mito –concluye– es: mujeres, pásense de la línea y les puede costar la vida. Hombres, ustedes pueden matarlas porque les pertenecen y están obligados a disciplinarlas.”




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